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domingo, 25 de septiembre de 2016

EL CÁLIZ MOZÁRABE DE VALENCIA UN SÍMBOLO PARA NUESTRO TIEMPO





Conferencia dictada en la Cátedra de Eméritos de la Comunidad Valenciana 
 Universidad Internacional de Menendez Pelayo  (UIMP)
Palau de Pineda
Dos de Marzo de 2016

                      Rafael Monzó Giménez




Quiero empezar expresando mi agradeciendo, a la Cátedra de Eméritos de la Comunidad Valenciana, a su presidente el Dr. José Mir y a la secretaria Pura Girones, por la organización de este interesante ciclo de conferencias, y por haberme invitado a participar en él. También quiero agradecer a D. Jose Manuel Girones, por sus palabras de presentación.


Ya me han precedido en la palabra, Carlos Recio y Rafael Matéu, que nos hablaron sobre la historia del Cáliz de la Catedral, y también sobre el mito y las leyendas del Grial. Esta conferencia de hoy, va a tratar de unificar estos dos ámbitos, el mito y la historia, que tan entrelazados se encuentran, en este extraordinario Cáliz, aportando un nuevo punto de vista, que es posible que os pueda llegar a sorprender.

Durante los últimos años, estamos asistiendo, a un despertar creciente del interés, por esta reliquia, que ahora justo, un siglo después de encontrarse expuesta al culto en la Capilla de la Catedral, La Santa Sede ha querido ensalzarla dedicándole un Año Jubilar, y por coincidir con un Jubileo Extraordinario de la Misericordia, ha sido bautizada también, como El Cáliz de la Misericordia.

Pero también, otras instituciones civiles, se han interesado por su importancia cultural, como el anterior Consistorio, que publico un magnífico libro y organizo una magna exposición, y lo que aún es más importante de todo, es el hecho, que nuestra ciudad, que en el pasado fue conocida, con el sobrenombre de VALENCIA DEL CID, en el futuro también lo será como LA CIUDAD DEL GRIAL. 

 

Asimismo, otras instituciones de nuestra Comunidad y de la Comunidad de Aragón, ahora, con la ayuda de sus Universidades, e incluso con fondos de la Comunidad Económica Europea, también están trabajando, para consolidar un camino cultural y turístico, que unirá el Pirineo Aragonés, con Valencia. Una ruta, por la que durante nuestro Siglo de Oro, llegó hasta aquí esta valiosa joya.

Hoy es de justicia reconocer a Carles Recio, la importancia que tuvo como creador de “EL CAMINO DEL SANTO GRIAL”, porque hace más de tres lustros, él concibió esta idea, después de tener la inspiración, que este camino, alcanzaría mucha más importancia que “El Camino de Santiago” y que llegaría a ser el camino iniciático del s. XXI. Publicó un magnífico libro, con bellas ilustraciones y la descripción detallada de sus lugares emblemáticos, pero su idea, que entonces encontró con agrado el respaldo de las autoridades aragonesas, no logró sin embargo el apoyo de esta Comunidad. Ahora el Centro UNESCO Valencia/Mediterráneo, ha querido reconocerle su labor de pionero, en un nuevo proyecto, que en paralelo con La Ruta de la Seda, potencie el valor de los símbolos que unen Oriente y Occidente.



También han tenido lugar otras iniciativas, como fueron la realización en el año 2008, de un Congreso Internacional, o la puesta en escena de la Opera de Wagner “Parsifal”, en la que se utilizó una reproducción del Cáliz, como Grial para la representación. Hay que señalar que durante este tiempo, numerosos medios de comunicación, nacional e internacional, han mostrado su interés, realizando publicaciones, programas y documentales sobre el Cáliz y en el ciberespacio, se deja escuchar también, un eco creciente entorno a estos temas.

 

Pero más allá del interés, que esta joya de la orfebrería Medieval, ha despertado hasta ahora, en el ámbito cultural y religioso, también por la especial conformación que presenta, en la que se integran, elementos pertenecientes a la cultura judía, cristiana y musulmana, adquiere por ello una nueva dimensión simbólica, que frente a la crisis de valores de nuestra sociedad actual, surge como un extraordinario símbolo unificador que podría reconciliar el Mundo, así como también un nuevo símbolo para nuestro tiempo, que permite reflexionar, en torno a la dimensión interior del ser humano en el s. XXI,  al comienzo de la era digital.

Esta es la panorámica, ante la que nos vamos a situar, para intentar abordar en profundidad esta singular alianza que existe entre dos ámbitos, como son el de la historia y la leyenda, que tan entrelazados se encuentran en el Cáliz de Valencia, y que nos plantea en la actualidad, una cuestión esencial, porque el antiguo mito de “La búsqueda del Grial”, consistió en la difícil y misteriosa tarea de tener que encontrarlo, pero ahora sabemos, al comienzo de esta nueva Era, que el Grial se encuentra, precisamente aquí en Valencia, que comienza ya a ser conocida por todos, como La Ciudad del Grial. Por esto, frente a esta paradójica situación, que un símbolo que pertenece a la dimensión interior y subjetiva del ser humano, se halla vuelto al mismo tiempo también, una realidad exterior y material, tenemos que formularnos ahora, una importante pregunta, sobre qué sentido puede tener esto, para el mundo de hoy y también para cada uno de nosotros.

En primer lugar, podemos decir, que este creciente interés que hoy atrae a las gentes hacia el Cáliz y el Camino del Grial, expresa un fenómeno psíquico de gran trascendencia, porque representa el despertar de una fuerza arquetípica, que está comenzando a manifestarse y a volverse visible cada vez más, e irradiada desde esta excepcional joya. Esto se explica, porque mas allá de tratarse, de un valiosísimo objeto de culto religioso, también se encuentra proyectado en él, una misteriosa fuerza arquetípica y universal, que aún permanece viva en la leyenda del Santo Grial, y que como vamos a ver a continuación, ha representado desde la Edad Media, la búsqueda del principio femenino, que ha permanecido ausente hasta ahora, en muestra cultura occidental.


Por otro lado tenemos, que por la especial conformación que presenta este Cáliz, que mantiene entrelazados, elementos que pertenecen a las diferentes culturas del Libro, y que tienen en Abraham un padre común, se podría decir, que en él se encuentra también constelizado simbólicamente, ese mismo principio femenino del Eros y del amor, porque este es un principio de relación, que tiene por función, conectar y mantener unidos a los opuestos, para así llegar a conformar la unidad y la totalidad. Por lo que es tomando El Cáliz, desde este punto de vista, que podemos también considerarlo por ello, como un nuevo símbolo de unión y de concordia para nuestro tiempo.

Esta nueva aproximación simbólica, nos conduce al ámbito de lo subjetivo, es decir al ámbito de lo psicológico y también a sus dos vertientes, por un lado la colectiva, en cuanto a los contenidos de la fe religiosa, y por el otro a la individual, como vivencia interior, y es por ello que se hace necesario, enfocar este nuevo punto de vista, desde una de las ciencias más jóvenes, como es la psicología. Debemos comenzar, por explicar que en la psicología contemporánea, existen dos orientaciones fundamentales. 



La más extendida y la que predomina en los ámbitos académicos y sociales, es la llamada psicología del Yo, que se ocupa del ámbito de los deseos y de las manifestaciones de la conducta, es decir de aquellos aspectos, que tan solo constituyen una capa superficial de la psique humana. 



Mientras que de su misteriosa profundidad, es la llamada psicología del inconsciente, aquella orientación que se ocupa de estudiar los fenómenos psíquicos, y aquellas manifestaciones de fuerzas o contenidos autónomos, que son experimentados, como una realidad subjetiva, que no se deja someter, la voluntad del yo.



C.G.Jung, realizaría un trabajo pionero de experimentación, en esa dimensión desconocida de la psique, que llegó a profundizar aún más la visión freudiana del inconsciente, llegando a descubrir, que más allá del inconsciente personal, existía también una “matriz viviente”, a la cual denominó como inconsciente colectivo, y que está constituida por los arquetipos, que se expresan en la conciencia, mediante imágenes y símbolos, que son comunes a toda la humanidad. 




Esta visión, en la que se incluye también el ámbito de los sentimientos y las vivencias subjetivas, ha representado para la psicología actual, lo que puede ser considerada como una verdadera revolución copernicana. Porque el complejo del yo, ha dejado de ser considerado, como el único centro de la dinámica psíquica, que ahora es ocupado por el arquetipo central del SI-MISMO, que constituye el centro regulador de la psique.




Ahora, podemos decir también, que el inconsciente ya no es solamente un concepto intelectual y abstracto, sino que cuando se mira hacia esa dimensión desconocida, nos sentimos tan pequeños, ante ese gran “misterio viviente” y ese universo inabarcable de la psique, como les pasa a los Físicos, cuando miran los átomos, a través del microcosmos, o a los Astrofísicos, cuando ellos contemplan la infinidad del Universo.



Todas las expresiones de la fantasía, representan manifestaciones en la conciencia de esa vida interior, que tiene su propia dinámica y que a lo largo de la historia, en las distintas sociedades humanas, se ha expresado de manera espontánea, a través de las diferentes imágenes y representaciones simbólicas, que aparecen en los sueños, los cuentos, las leyendas o los mitos y que también han encontrado, su vía de expresión en las artes y en las diversas religiones, y todos estos símbolos, que emergen de manera autónoma del inconsciente, actúa de manera compensadora y reguladora, tanto de la conciencia individual como colectiva.  

                         
  
Tras la muerte de Jung en 1961, Marie-Louise von Franz, continuó profundizando en estas investigaciones, que dieron fin al racionalismo científico del s.XIX, y que han duplicado nuestra concepción de la realidad, pero que aún hoy en día, estas ideas, son tan avanzadas, que muy lentamente pueden ser asimiladas por la sociedad. Hoy, junto con la física moderna, ambas disciplinas, se enfrentan con el enigma de los fenómenos de la sincronicidad, que son aquellas manifestaciones, que conectan entre sí hechos objetivos y subjetivos, y que a veces son considerados, como si se trataran de hechos milagrosos o extraordinarios. Pero esto sin embargo, es algo que con relativa frecuencia a todos nos sucede, y son vistas como simples casualidades o curiosas coincidencias, sin advertir que tras estos acontecimientos significativos, se encuentra un misterioso fenómeno, en relación con el problema de la unión, entre la psique y la materia o entre la mente y el cuerpo.    

                                                          

Todo esto es importante aquí, para nosotros, porque este fenómeno actual, que está comenzando a activarse, en torno al interés creciente por el Cáliz de Valencia, se puede decir que está relacionado, con este misterioso suceder sincronistico de acontecimientos, porque precisamente nos encontramos, ante la superposición de dos ámbitos opuestos, uno objetivo y otro subjetivo, como son el de la reliquia histórica y el del mito.





Durante el esplendor de la cultura Hispano-Musulmana, en Córdoba, Averroes, un hombre sabio, que mantuvo una valiente actitud crítica, con la ortodoxia musulmana, y que ha llegado a representar la cima de la filosofía islámica, escribió un tratado sobre “La armonía entre Ciencia y Religión”, y él entonces llegó, a este mismo punto en el que ahora nos encontramos nosotros, al comienzo de la Era Digital, cuando de nuevo, las ciencias de la materia y la psicología del inconsciente, frente a frente están llamadas a tenerse que entender. 

                           

Rosa Mª Rodríguez Magda, una importante intelectual y filosofa valenciana, en uno de sus trabajos, titulado: “Hacia una crítica de la razón digital”, decía, que frente al ciberespacio, nosotros representamos ahora, una nueva ciudadanía, ante un nuevo continente, en donde de manera paradójica, la ciencia, la mística y la poesía, se han vuelto extrañas aliadas. Así pues nos encontramos de nuevo ante el reto, como ya sucedió en nuestro pasado, de tener que llevar a cabo una nueva alianza, entre los argumentos intelectuales, con aquellos otros valores, que pertenecen al ámbito de los sentimientos, pero esto es algo, que única y exclusivamente, podrá llegar a ser realizado, solo a través de la experiencia individual.

                                          

Hoy es, la Psicología del inconsciente, aquella disciplina, que precisamente cabalga entre esos dos ámbitos, como son el de los argumentos científicos y el de los sentimientos individuales, y en relación con el Cáliz de Valencia, y sus especiales circunstancias, también nos sitúa frente al doble ámbito, de lo colectivo y de lo individual, y es por eso que en primer lugar, debemos diferenciar con toda claridad, aquella dimensión interior, personal, que puede llegar a ser despertada por un símbolo, de aquel otro extremo, que constituye los sentimientos religiosos colectivos de las religiones y de sus fenómeno externos, que con sus diferentes corrientes y formas de culto, dan fundamento, mediante sus dogmas y tradiciones, a las convenciones colectivas culturales y morales, pero que suplantan la experiencia interior individual.

                                                                                        

En el siglo de las luces, Voltaire con su actitud anticlerical, en su obra: “De la Paz perpetua”, decía que para devolver la paz a los hombres, era necesario deshacerse de todos los dogmas que los dividen y establecer la verdad que los une; porque la Paz perpetua subsiste, en todas las personas honestas.



Esta verdad que une, tiene que ver, con la importante cuestión de la función de los valores y del sentimiento, y fue precisamente en relación con estos mismos contenidos, que aquí en Valencia en 1991, con motivo del 75 cumpleaños de Marie-Louise von Franz, su más estimado colaborador, el Dr. José Zavala, a quien le cabe el honor de haber traído a España, esta psicología del profundo, publicó el libro “Contribuciones a la Psicología Junguiana”, y ella misma quiso que en esa edición, fuera incluida, su última conferencia pública, en la que ponía el acento sobre la cuestión principal: “La rehabilitación de la función de sentimiento por C.G.Jung en nuestra civilización contemporánea”.



                   





Esta función psíquica del sentimiento, es una de las cuatro funciones de la conciencia, junto con la percepción, la intuición y el pensamiento, que es aquella, que constituye su función opuesta, y la que ha sido predominante en nuestra sociedad Occidental. La función del sentimiento, está relacionada con el principio femenino del Eros, y es la que nos relaciona, tanto con el mundo exterior, como con el ámbito de nuestras vivencias interiores, y por ser también está, la función de los valores, es que participa de una manera esencial, en la toma de las decisiones éticas.

                           

Para nosotros es muy interesante, lo que von Franz escribe en su artículo, porque ella sugiere que Jung, “quizá entrará algún día en la historia, como aquel caballero anhelado que trajo de vuelta a la comunidad, la copa del Grial desaparecida, el principio femenino del Eros, una nueva forma de amor curativa y que hace entero, que no puede abolir, pero si trascender, el par de opuestos de lo colectivo-individuo”.

Por ello es imprescindible, para el avance ético de la sociedad, y también como una cuestión de supervivencia, poder establecer una nueva alianza, entre la razón y los valores del sentimiento, porque cuando estos se encuentran disociados, irrumpen en la conciencia de forma negativa, los contenidos autónomos del inconscientes, tal como el genio de Goya, fue capaz de representar en su célebre gravado, “El sueño de la razón crear monstruos”. 



La historia de la Humanidad, está llena de estas terribles pesadillas, como fueron las Cruzadas, la Inquisición, el colonialismo, la esclavitud, las guerras mundiales, los campos de concentración, la bomba atómica, los conflictos en Oriente Medio y así un largo etc.



Einstein dijo con ironía, que era más fácil desintegrar un átomo, que un prejuicio, y planteo que si con la teoría de la relatividad, había cambiado para siempre nuestra concepción de la realidad, ahora también tendríamos que cambiar por ello, nuestro modo de pensar, porque de lo contrario, llevaríamos al mundo a una total destrucción. 



Así pues se ha vuelto ahora una necesidad, asumir el reto y la tarea de tener que reinterpretar los hechos de la historia y de la cultura, desde una nueva perspectiva, y para ello necesitamos desarrollar, un tipo de pensamiento más completo, que incluya también la función del sentimiento, y que podría decirse que es un modo de pensar femenino, con Eros, y también un tipo de pensar simbólico y sincronistico, que nos pueda ayudar a orientarnos mejor ante la realidad y que sea capaz de interpretar aquellos símbolos, que emergen del inconsciente y que pueden llenar de sentido la vida individual y la vida colectiva.




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Después de este encuadre psicológico, que es necesario plantear, para poder así acercarnos de manera adecuada, a esta nueva perspectiva, que como un nuevo símbolo para nuestro tiempo, también nos ofrece el Cáliz de la Catedral de Valencia, vamos a tratar de avanzar ahora un poco más, poniendo en práctica, nuestra capacidad para pensar simbólicamente.

                                   

Emma Jung dedico cuarenta años, a la interpretación psicológica de la leyenda del Grial, y Marie-Louise von Franz completó aquel trabajo, con la incorporación de la legendaria figura de Merlín. Ellas demostraron, que la búsqueda de aquel vaso maravilloso del Grial, había simbólicamente representado, la búsqueda del alma individual, frente a la dominante colectiva de la sociedad, y que aquella sangre salvadora de Cristo que en él se contenía, representaba la esencia femenina curativa, de aquellas heridas, que habían sido producidas durante siglos, por la actitud dominante patriarcal, de nuestra cultura judeo/cristiana.

Esta Leyenda, habría estado anticipando de esta manera, el problema religioso del hombre moderno, porque habría compensado simbólicamente, la ausencia del principio femenino en nuestra cultura, que bajo la dominante colectiva, de un Dios exclusivamente masculino, quedaba así incompleta la imagen arquetípica de la divinidad, en la que llegara a estar integrada también, su aspecto femenino, como por ejemplo lo encontramos en oriente, representado en el Tao, cuyos principios complementarios, Ying y Yang,  femenino y masculino, constituyen una imagen de la unidad y de la totalidad. 

                           

También aquella espiritualidad unilateral, masculina e idealista, que fue la dominante de aquella época, fue compensada por otras corrientes medievales, como por ejemplo la devoción a las vírgenes negras, el amor cortes, o los movimientos espirituales o esotéricos, que buscaban un contacto directo con las experiencias interiores vivificadoras, y cuyo mayor exponente se encuentra, en aquella experiencia mística que alcanza la vivencia de unidad y totalidad. 

                                  

Desde el punto de vista psicológico, estos contenidos emocionales vivificadores, ligados al cuerpo y de naturaleza femenina, que se encuentra en la psique del hombre, fueron denominados por Jung, como el arquetipo del ANIMA, que es complementario en la mujer, a un contenido masculino interior, de su naturaleza femenina, al que denominó el arquetipo del ANIMUS, y ambos contenidos juegan un papel imprescindible, en el proceso de la maduración de la personalidad. Este es un proceso, que recibe el nombre de individuación, que hace al ser humano más completo, y representa la meta del desarrollo psíquico. Un ejemplo, de este proceso arquetípico, lo podemos encontrar representado, en la Divina Comedia, a través de las figuras de Dante y Beatriz.

              
                                 
Existió también otro importante mito medieval, como fue la alquimia, que estuvo actuando durante siglos, como otra corriente, que llegaría a compensar la dominante colectiva del consciente. La filosofía alquimista pretendió, que con la ayuda del espíritu de la naturaleza, que ellos consideraban que se encontraba cautivo, en el interior de la materia, se podía llegar a obtener - Deo concedente - la unión de los opuestos, la piedra filosofal, y que recibió también diferentes nombres, como oro alquímico, Elixir o la Medicina Universal, pero que desde el punto de vista simbólico, eran también imágenes de la totalidad.

                                     

En aquella misma época, tuvo lugar la aparición de otro interesante fenómeno literario, en torno al mito del Final de los Tiempos y del Anticristo, y que estuvo relacionado con el origen del Camino de Santiago. Estos libros recibieron el nombre de Beatos, y fueron unos Comentarios al Apocalipsis, que escribió Beato de Liebana, al comienzo del dominio hispano-musulmán en la península, en el contexto de un enfrentamiento, que tuvo lugar, entre la Iglesia de Roma y la Iglesia Mozárabe autóctona, que entonces había asumido la doctrina adopcionista, que proponía que Cristo, era solo un hijo adoptivo de Dios, con lo que se acentuaba de esta manera el lado de su naturaleza humana. 



Desde la Iglesia Mozárabe de Al-Ándalus, que se encontraba entonces muy bien organizada, y contaba con tres sedes episcopales, se extendió aquella doctrina y se necesitaron, hasta tres concilios y la intervención personal de Carlomagno, para poder hacerle frente y poder detener así, la expansión de aquel impulso renovador, hacia el interior de Europa.

                                       

Todos estos fenómenos medievales, del Grial, la alquimia o los Beatos, expresan el problema común, que subyace en el trasfondo de las Tres Religiones del Libro, y que es el de la relación, con el principio femenino y también con el problema del mal, que quedaban aún sin ser resueltos definitivamente, porque estos contenidos continuaron ligados, al mundo inferior de la naturaleza y del instinto. Por ello, la resolución de este problema central, quedaría pospuesto para el Final de los Tiempos, en un mítico enfrentamiento que tendría lugar entonces con el Anticristo. Ese mismo problema arquetípico, corresponde a un nivel individual, al problema del lado oscuro del ser humano, con sus aspectos negativos, al que se denomina psicológicamente la SOMBRA. Un contenido psíquico autónomo, que cuando no es adecuadamente confrontado y de una manera individual e introvertida, entonces se proyecta en el mundo exterior, en algún tipo de chivo expiatorio o enemigo, desencadenando las guerras y produciendo todo tipo de calamidades. 

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Estos mismos elementos, que están relacionados, con el principio femenino del Eros, así como con el problema de la sombra, y que con tanta urgencia, en la actualidad, necesitan ser rehabilitados e integrados, en el individuo y en nuestra sociedad, van a ser aquellos mismos contenidos, que como veremos, vamos a encontrar representados simbólicamente, en torno al Cáliz de Valencia, y por lo que este adquiere también, un trascendente y enorme potencial, como manifestación de un nuevo símbolo unificador y de totalidad.

                                 

Un estudio arqueológico, que fue realizado en 1959, determinó que la copa superior era un vaso greco-romano anterior al siglo I a.c, y que pudo ser utilizado en las celebraciones de la Pascua Judía, como vaso de Bendición, al igual que más tarde también, pudo haber servido para la institución de la Eucaristía, durante la Ultima Cena. 
                                                                             

Pero lo que es un importante hecho, aún no lo suficientemente conocido, y que ahora desde esta nueva perspectiva, adquiere un verdadero interés, es que su base está formada por otro recipiente, posiblemente de origen hispano-musulmán del s. X,  en el cual se encuentra una inscripción cúfica en árabe: “Lil-zahira”, traducida como “para la más luminosa/radiante”, o “para la más floreciente”, pero que si por la tosquedad de su trazo, hubiera podido llegar a ser realizada por un mozárabe, y trascrita entonces como “Limag Limarian”, pudiera significar “Gloria a María”, por lo que también en esta inscripción, vemos con sorpresa, que se alude a sí mismo también, al principio femenino.

                         

                               

Este tipo de vasos con forma de naveta, fueron utilizados como recipientes para quemar incienso, que es uno de los ritos más ancestrales de ofrenda de fuego y sacrificio. Una práctica que fue habitual en la tradición espiritual musulmana del sufismo, que estuvo muy extendido, en la sociedad hispano-musulmana. Los maestros sufís también utilizaron estos recipientes, para trasmitir a sus discípulos un tipo de bendición, gracia divina, o fuerza espiritual, a la que ellos denominaban Baraka. Esto podría explicar, el sentido de la inscripción, como una alusión a la divinidad, pues en su tradición la luminosidad que deslumbra, es asociada a la luz interior, que habita en el ser íntimo del místico. 

                                              

En general, también el blanco resplandor, ha sido considerado como el color de la teofanía y ha estado relacionado con el fenómeno iniciático, así como con la revelación y con la gracia.


                            

Esta inscripción árabe y la base del Cáliz, nos conducen hacia aquel confuso periodo hispano-musulmán de nuestra historia, que se inicio en el año 711, y que alcanzó un florecimiento sin igual, en el s. XI. Pero tras la conquista de Toledo en 1085, su esplendor comenzaría a oscurecerse, y con la dramática expulsión de los moriscos, en el año 1609, se terminó de escribir su última página. 

                   

En general ha existido sobre aquel periodo, un gran desconocimiento, falta de objetividad, y una visión llena de prejuicios y de estereotipos. Esto se explica, porque desde el punto de vista psicológico, los llamados “moros”, representaron para los reinos cristianos, el enemigo natural, la parte de sombra oscura, inconsciente, peligrosa y contaminadora, que debía ser erradicada y aniquilada, de la identidad española. Así nos lo muestra la infinidad de simbología heráldica con cabezas decapitadas, y los apellidos o el sobrenombre de Santiago “matamoros”. Ese mismo impulso, también se extendería después en la conquista de América, a quienes se consideraría los nuevos infieles. Pero frente a esta opción radical de exclusión, se encontraba la cultura mozárabe, que represento un tipo de cristianismo islamizado, que floreció entre la tensión de aquellos polos opuestos, representando un puente que restablecía la unidad, y que es aquella misma unidad, que encontramos también expresada simbólicamente, entre los dos vasos unificados del Cáliz de Valencia.

                                                         

El dominio musulmán a lo largo de los siglos experimentó diferentes etapas. Primero bajo la influencia del Califato Omeya, y más tarde independizado de Damasco, llegaría a consolidarse como Califato de Córdoba, con Abderramán III, y tras su desintegración en el año1030, darían comienzo los Reinos de Taifas. 




Fue durante aquellos primeros cuatro siglos, que entre luces y sombras, en aquella sociedad, pudieron llegar a convivir con los musulmanes, pagando un tributo especial, al ser considerados gentes del libro, tanto los judíos, como los cristianos mozárabes, cuya etimología nos remite al termino MUSTARIB-RAB, que significa tributario o arabizado. 

                                 

Durante aquel largo periodo de casi cuatro siglos, ellos contribuyeron también en gran medida, al gran esplendor de la cultura hispano-musulmana.

                                  
Fue en ese contexto de las taifas, cuando se forjó el mito universal del Cid. Un controvertido personaje histórico, que como caballero cristiano, vivió más de tres lustros en tierras de Al-Ándalus, donde fue aliado y servidor de reyes hispano-musulmanes, por lo que ha llegado a ser considerado, también por algunos, como un caballero mozárabe. 

                           




Su figura, surgida entre la historia y la leyenda, aparece como defensor de la política de parias, que fue un tipo de tributo que recibían los reinos cristianos, de los reyes musulmanes, para así garantizarles la protección, frente a sus enemigos. 

                             

El espíritu de las parias, que sostenía el equilibrio en aquella sociedad, fue instituido por el rey Fernando I rey de Castilla y León, pero poco después, su hijo Alfonso VI, no solo traicionaría este espíritu de convivencia, sino que tampoco tendría en cuenta en su corte, a sus consejeros mozárabes, por lo que llevado de la codicia y la ambición de poder, trasformo las parias, en un medio de extorsión, para así debilitar los Reinos de Taifas y llegar a apoderarse de ellos, como hizo con Toledo. Pero con esa indigna y poco ética actitud, llegó a desencadenar la desgracia de Al-Andalus, porque los reyes hispano-musulmanes, frente al asedio que recibían de Alfonso VI, se vieron obligados como última opción, a tener que pedir ayuda a los fanáticos Almorávides norteafricanos. 

                    
Precisamente de forma muy significativa, las dos primeras páginas del manuscrito original del Cantar del Mío Cid, fueron arrancadas, en las cuales aparecía el Cid, como un honesto defensor del espíritu de las parias. 




También,  podemos encontrar que en el verso más conocido del Cantar, se llega a aludir al rey Alfonso, de este modo:  “…Dios!, que buen vasallo si tuviera buen señor...”



Esa etapa de dominio norteafricano, y del fanático fundamentalismo de los Almorávides primero y después con los Almohades, se extendió durante más de un siglo y medio, y llevaría al exterminio de la cultura mozárabe. 

                               

Fue precisamente en ese contexto, donde la figura legendaria del Cid, aparece ensalzada en el Cantar y en el Romancero, frente al avance de los norteafricanos. Hoy podemos ver un inquietante reflejo de ese mismo drama, en esa terrible y avasalladora irrupción, que en la actualidad se extiende desde Oriente Medio, y que al igual que en el pasado, fue desencadenada por la falta de ética de Alfonso VI, hoy lo es también, por la hipócrita política intervencionista de Occidente y sus oscuros intereses geoestratégicos. 

                                 

También es muy interesante para nosotros, tener que considerar el Cáliz Mozárabe de León, conocido como de San Isidoro o de Doña Urraca, precisamente, porque su origen nos remite, a ese mismo periodo, de los Reinos de Taifas. Muy recientemente, hemos podido saber, por unos manuscritos aparecidos en el Cairo, que este Cáliz, fue venerado también en Jerusalén, durante siglos, como el autentico Cáliz de la Última Cena. El Califa de Denia, lo había obtenido en 1055, de su amigo el Emir de Egipto, y después se lo había ofrecido en muestra de agradecimiento y para fortalecer su amistad, al padre de Alfonso VI, el rey Fernando I, del que era tributario y a quien pagaba las parias. 

     

Este mismo sentimiento genuino de amistad, entre un rey cristiano y un rey hispano-musulmán, también lo encontramos en el Cantar, cuando al referirse al alcaide musulmán Abengalvan, el Cid lo llama, “su buen amigo natural y su entrañable amigo”.

                          

Así pues ahora sabemos, que dos Cálices que tradicionalmente fueron considerados auténticos, se encontraron en nuestra península, en el S. XI, y precisamente cuando la cultura mozárabe, llegó a encontrarse en su cenit. 

                                                                 

A esta asombrosa coincidencia, se suma ahora el hecho sorprendente, que también dos motivos simbólicos, que se encuentran enraizados en esa misma cultura mozárabe, sean justo hoy en día, aquellos mismos, que dan sobrenombre a nuestra ciudad, que ahora ya será conocida por todos, como Valencia del Cid y como la Ciudad del Grial.

                         



                                                   










Podría decirse pues que la cultura mozárabe, que representó una forma de cristianismo islamizado, que asimiló su lengua, sus vestidos, sus costumbres y su arte, habría  permanecido viva hasta nuestros días, tanto en el Cáliz de Valencia, con su enigmática inscripción, como en la legendaria figura del Cid, que representó un tipo de héroe mercurial, unificador de opuestos, y cuyo nombre en árabe, quiere decir Señor. Él representó en la leyenda, los valores del coraje, la honestidad y lo que es más importante de todo, la nobleza de los sentimientos humanos. Fueron esos atributos los que hicieron que su celebridad, se extendiera por el mundo, llegando a poner en pie a todo París, con la representación de El Cid de Corneil, que junto con la obra de Guillen de Castro de Las Mocedades de Rodrigo, llegaron a inspirar más de cuarenta versiones operísticas distintas, algo verdaderamente único y asombroso, que nunca ha sucedido con ningún otro personaje de la historia, y que además cuenta también, con cuatro estatuas ecuestres, en lugares emblemáticos del continente Americano.

                               

Ortega y Gasset, en un rapto de inspiración, llegaría a decir refiriéndose al Cantar de Mío Cid: “…pero esta pobre tierra, que hoy podría comprarse por treinta dineros, ha producido un poema - el Mío Cid - que allá, en el fin de los tiempos, cuando venga la liquidación del Planeta, no podrá pagarse con todo el oro del mundo”.

                      

Fue ese espíritu de Eros unificador, aquel preciado tesoro, que Ortega pudo intuir como “todo el oro del mundo”,  el mismo que el Cid vivió, en su legendaria historia de amor con Jimena y en el deseo de casar a sus hijas en el Cantar

                           

Ese mismo espíritu, que pudo florecer en los primeros siglos, de aquella sociedad de Al-Andalus, donde llegaron a convivir las tres culturas, y donde en las canciones populares mozárabes, las Jarchas, se cantaba al amor, en boca de muchachas enamoradas. En aquella sociedad, donde también Ibn Hazm, escribió la inmortal obra, El Collar de la Paloma: El tratado sobre el amor y los amantes.

                         

El s. XI, representó una época crucial entre el Cristianismo y el Islam, porque a partir de entonces, lamentablemente el espíritu de Eros, ya no pudo seguir creciendo más, y lo que nació entonces, fue un nuevo impulso de la Reconquista en España y significativamente en 1099, el mismo año, que el Cid moría en Valencia, los cruzados tomaron por primera vez Jerusalén, lo que supuso un punto de inflexión, con el que se iniciaba un enfrentamiento cultural, religioso, político y militar, que desafortunadamente, se ha prolongado de una u otra manera hasta nuestros días.

                     

A lo largo del tiempo, estas dos culturas, han representado dos concepciones y dos fuerzas opuestas, por un lado el cristianismo, que fue fundado bajo el principio del Logos, el principio masculino del discernimiento, y donde son atributos de Cristo, el de Sol Novus, Sol de Justicia o Sol Invictus, y por el contrario, la religión musulmana, que se encuentra fundada sobre el principio del Eros, es decir en el principio femenino de la relación. Estos dos principios, de Eros y Logos, que han sido proyectados en las imágenes arquetípicas del sol y de la luna, han servido para identificar a estas dos culturas. 



En el Islam original, se puede decir, que es predominante el sentimiento sobre el intelecto, lo que también puede verse reconocido en su tradición mística o poética, y un ejemplo extraordinario de esto, lo encontramos en el Taj-Mahal, que es el más perfecto templo del amor eterno, que pueda existir, en donde se entrelazan, el amor espiritual y el amor humano, y que fue construido en India en 1632, por el emperador Shah Jahan, como un mausoleo para su adorada esposa, y en donde también él, tras su muerte sería sepultado.


Otro ejemplo del Eros Islámico, lo encontramos en Ibn Arabí, que nació en Murcia (1165-1241) y a quien el Islam lo considera el maestro de maestros. Él basaría su gran doctrina del amor, en la visión que tuvo en su juventud, en la cual recibió enseñanzas de Moisés, de Jesús y de Mahoma, y su concepción del amor, abarcaba todas sus manifestaciones, desde las más humanas, hasta las más espirituales y místicas. En su libro El interprete de los deseos ardientes, nos dejaría un testimonio sin igual, de aquel espíritu de Eros, que habitó en Al-Ándalus, donde escribió versos como estos: ...!Oh maravilla! ¡Un jardín entre llamas! Mi corazón se ha hecho capaz de aceptar todo: pasto para gacelas, convento para los monjes, templo para los ídolos y Kaaba para los peregrinos, las tablas de la Tora y el libro del Corán. Yo profeso la religión del amor y en cualquier lengua... el amor es mi religión y mi fe...”.                               

                   

Pero ese mismo espíritu de Eros que existió en Al-Ándalus, nunca dejó de latir en el alma colectiva de España, y encontramos dos significativos ejemplos de ello, uno cuando fue descubierta en el siglo XIX, la Dama de Elche, que llegaría a ser conocida por todos, como la Reina Mora, y también lo encontramos actualmente vivo, en los festejos populares de “Moros y Cristianos”.

                                                                                               
Esos dos principios opuestos, que llegaron a encontrar su lugar, en el mito cultural mozárabe, los encontramos representados también en el Cáliz de Valencia, en la unión de los dos vasos que lo conforman, uno que permanece abierto, hacia el espíritu masculino del cielo y el otro al espíritu femenino de la tierra. 

                             

Desde este punto de vista simbólico, este Cáliz expresa, que es necesaria la participación del espíritu de Eros, para que puedan permanecer relacionados los opuestos, lo que visto psicológicamente, representa la relación entre el lado consciente y luminoso de nuestra personalidad, con aquella otra parte oscura y oculta de la sombra, que relegada en el inconsciente, necesita llegar a ser confrontada e integrada.

                   

Existe una triste leyenda cordobesa, conocida como “La Malmuerta”, que muestra simbólicamente, la necesidad, de incluir los valores del sentimiento, para que pueda mantenerse el orden interno de la psique. La leyenda cuenta la historia de un noble cristiano, que dispuesto a combatir contra los musulmanes, frío y orgulloso se alejaba de su esposa, mientras ella entre sollozos, le imploraba que no la abandonara. Pasadas tres lunas de sangre, a su regreso, por mucho que ella entonces se esforzaba en el amor, el amor los había abandonado para siempre. Pero pasado el tiempo, cuando el amor de nuevo eligió a la Dama, para unirla con otro caballero, fueron entonces asesinados cruelmente, a manos del esposo.  
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Es frente al drama, que en el pasado llegó a sufrir nuestra alma colectiva, que ahora el Cáliz Mozárabe de Valencia, nos muestra el esplendor y la belleza de un símbolo unificador, de valor incalculable, del que podría decirse, al igual que Ortega diría del Cantar del mío Cid, “que allá, en el fin de los tiempos, cuando venga la liquidación del Planeta, no podrá pagarse con todo el oro del mundo”, porque ambos motivos, el Mito del Cid y el Cáliz Mozárabe, se nos muestran ahora, como contenedores simbólicos, de aquel valor unificador, que representa el principio femenino del Eros.

                   
El nieto de Jung el Dr. Dieter Baumann, refiriéndose al espíritu de nuestro tiempo escribió, “…pareciera como si estuviéramos en un momento histórico, en el que el Principio Femenino Natural, quisiera volverse Ser Humano, como una correspondencia, al fenómeno de que Dios se volviera hombre, hace 2000 años, y que la trascendente pregunta, sobre la supervivencia del mundo, está en relación con esa cuestión, de si se logrará realizar este proceso, de que lo Femenino Deico, se vuelva humano o no. Encarnándose en la esencia femenina de la mujer y en la parte femenina del hombre..."
Este misterioso acontecer, que trascurre en la oscuridad del inconsciente colectivo, tratando de alumbrar esa unión de opuestos, no ha dejado de insinuarse a lo largo de los siglos, y un ejemplo de esa necesidad, de que el principio femenino llegara a entra en el cielo cristiano, lo podemos encontrar desde el año 1336, representado sin interrupción y con verdadero fervor, en la forma simbólica de un auto sacramental, como el Misteri de Elche, que recientemente UNESCO, declaró Patrimonio de la Humanidad, y que poco después también, lo hizo con el Palmeral de su ciudad, algo para nosotros muy significativo, porque en la antigüedad, la palmera fue considerada precisamente como símbolo de las diosas.

                 


Otro ejemplo, que podemos encontrar, fue el fenómeno de las apariciones marianas de Lourdes o Fátima, que llevaron al Papa Pio XII, después de tener que enfrentarse con la parte más racionalista de la curia, a proclamar en 1950, el dogma de la Asunción de la Virgen al cielo, algo que Jung, llegó a considerar el suceso más importante, acontecido en la Iglesia desde la Reforma Protestante, porque este hecho representó, simbólicamente que el principio femenino, finalmente podía ocupar su lugar junto al principio masculino, y esto decía él, sería algo sin duda, que llevaría a producir importantes cambios en nuestra sociedad. Como así hemos podido llegar a ver, en los avances de la igualdad entre hombres y mujeres o también en el despertar de la conciencia, por la defensa de la naturaleza o de la paz.

                             
Es en este contexto, del espíritu del tiempo, que si consideramos desde el punto de vista simbólico, en el Cáliz de Valencia, aquellos elementos que conforman el ensamblado y la unión de los dos vasos, este se nos muestra también, como un verdadero contenedor del principio femenino del Eros, como un símbolo de unión para nuestra sociedad, y como un modelo arquetípico de la individuación.

                          
El Cáliz tal y como hoy lo conocemos, salió en 1399, desde San Juan de la Peña, que en el pasado, fue un antiguo monasterio mozárabe, allí un excepcional orfebre, como si fuera un hábil alquimista, unió aquellos dos vasos, mediante un bello ensamblado de oro, que simbólicamente visto, en su conjunto de elementos, alude al Eros Cosmogónico, aquella fuerza misteriosa de la vida y la naturaleza, que mantiene unidas todas las cosas.



El vaso como recipiente, es considerado en sí mismo, como un genuino símbolo de lo femenino, por ser una expresión del vientre materno y del útero, como un lugar de engendramiento. Así lo encontramos descrito por ejemplo, en la letanía lauretana, que ensalza los atributos de la Virgen madre, como vaso espiritual, vaso honorable y vaso insigne de devoción. 



También en el centro del Cáliz, se encuentran dos asas serpentinas, labradas con lacería de influencia oriental, y que dibujan la silueta de un corazón, que es el más conocido de los símbolos, para expresar los valores del sentimiento y del amor. Pero también, si tomamos estas asas en relación con el eje central, entonces vemos que en ellos, se insinúa el atributo de Mercurio, el mensajero de los dioses, que une los opuestos en forma de serpientes en el Caduceo, que simbolizan la unión de Zeus como divinidad del cielo, con Era la divinidad de la tierra.

                       

                 

También podemos ver el tallo central, que brota de la base del Cáliz, y que al igual que las asas, se encuentra labrado con motivos vegetales, como si se tratara, de un tronco de estilizadas ramas, y que representa una alegoría del Árbol de la Vida.

   
En la base, desde el centro de un anillo con cuatro tirantes y piedras preciosas, se alza también el tallo, como una columna central hexagonal, que une los dos vasos y que al igual, que el caduceo, el Árbol de la Vida o del Universo, representa el arquetipo universal, conocido como el Axis Mundi, que es un eje virtual, que une el centro de la tierra con el cielo. Esta unión sagrada se encuentra representada, aquí en el Cáliz, por un nudo esférico y central, que como símbolo de totalidad, contiene en sí mismo los opuestos, entrelazados y fundidos, por esa misteriosa fuerza unificadora del Eros Cosmogónico, por lo que la esfera central, en sí misma podría ser vista, también como una representación, del mismísimo oro alquímico y de piedra filosofal.
                                                                                                                                                                  
Este poder trasformador del símbolo unificador y del Eros, es el que también podemos ver representado en el aro de perlas y piedras preciosas, que rodea la base del Cáliz, y que recuerda “la parábola del anillo”, aparecida en Castilla en el siglo X, y que Lessing en 1779, la llegó a popularizar, en su obra “Nathán el Sabio”. La trama trascurría en Jerusalén, en el tiempo de los Templarios, cuando el Sultán Saladino, preguntó al sabio judío Nathan, cuál de las tres religiones era la verdadera, y este le respondió con la historia de un padre, que tenía tres hijos, y un anillo con una piedra extraordinaria, que hacía que quien lo llevara, fuera querido de Dios y de los hombres. El anillo había pasado de padres a hijos desde tiempo inmemorial, y cuando ya vio cercana su muerte, como quería a sus hijos por igual, mando hacer dos idénticos, que en secreto, entregó a cada uno de ellos. Pero después, cuando cada uno creía tener el verdadero, discutieron y entonces tuvieron que acudir ante un juez, quien les dijo, que ciertamente cada uno debería considerar su anillo como el verdadero, porque esa fue la intención de su padre y que tenían que llevarlo con su mismo espíritu, lleno de amor y libre de prejuicios, de manera que sus virtudes, llegaran así a manifestarse, en los hijos de sus hijos, durante generaciones.
   
                                                   




En este relato vemos expresado, que cuando son tomados como el valor principal, la actitud vivificadora del sentimiento y el sacrificio de los impulsos egoístas del yo, entonces la tolerancia y la aceptación de las diferencias, permiten convivir con la sombra, y abren la esperanza de que esta, pueda llegar a ser integrada en el futuro.

                           
Y ya para terminar, retomaremos la pregunta que se formuló al inicio, sobre el sentido que podría tener la superposición del Mito del Grial y el Cáliz de Valencia, para la sociedad actual, y también para cada uno de nosotros, a nivel individual. 

                          

La respuesta, después de todas las amplificaciones que hemos estado viendo, es que nos encontramos ante un modelo arquetípico, que es capaz de contener y acoger el nuevo espíritu del tiempo. Es por eso que en este sentido, habría que considerar también, como una asombrosa sincronicidad, que ahora El Cáliz, haya recibido el nombre de la Misericordia, porque este atributo es precisamente considerado, como uno de los principales contenidos que corresponden al lado femenino de la divinidad. De esta manera tan extraordinaria, como hemos visto, esta joya de la orfebrería medieval, representa un también nuevo símbolo para nuestro tiempo, donde puede ser reconocido y venerado, aquel tan buscado principio femenino del Eros, no solo por las gentes sin prejuicios de las Tres Culturas del Libro, sino también por todos aquellos, que caminan en solitario, a la búsqueda de un símbolo personal, que pueda llenar de sentido su vida individual.

                       
Con el fin de la Era de Piscis, que representó una época de opuestos enfrentados, y que ahora culmina ya en nuestro tiempo, está comenzando a emerger un nuevo eón, que recibe el nombre de Acuario, y que ha sido representado, por la imagen de un aguador, que vierte el contenido de un vaso, en el universo. Esta esperanzadora representación, quizá pueda ser un augurio, de la revitalización interior del ser humano y el anuncio de un nuevo paradigma, que permita reorientar el rumbo de la Humanidad.





                                    


Cuando terminé de redactar estas notas, recordé una frase célebre de Rumí, el sabio místico sufí, que decía “…que la sabiduría es pobre, en la ciudad del amor…”. Es por eso que quisiera terminar, con la proyección de un vídeo, que resume en poco más de un minuto, todo lo que se ha dicho en esta larga presentación, así como el mensaje, que este Cáliz Mozárabe de Valencia, parece que quiera traer al mundo.